La Evaluación como Herramienta de Mejora Continua en la Educación Superior

INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, la evaluación se ha convertido en tema de discusión debido no solo a los requerimientos institucionales, sino a la creciente necesidad de información que tienen algunos docentes para valorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. En definitiva la evaluación  adquiere hoy nuevas connotaciones y por supuesto mayor relevancia.

En primera instancia es necesario aclarar que el concepto de evaluación ha sufrido transformaciones, ya sea de acuerdo con las perspectivas teóricas o al tiempo histórico en el que se han implementado. Para efectos de establecer una plataforma común, aquí se define la evaluación como: 

[...] un proceso sistemático y riguroso de obtención de datos, incorporado al proceso educativo desde su comienzo, de manera que sea posible disponer de información continua y significativa. Para conocer la situación, formar juicios de valor con respecto a ella y tomar decisiones adecuadas para proseguir la actividad educativa, mejorándola progresivamente [Casanova, 1998]. 

Si tomamos como referencia la definición de Casanova, surgen algunos cuestionamientos. ¿Realmente el docente concibe a la evaluación como un proceso sistemático e inherente a los procesos de enseñanza y de aprendizaje? ¿El profesor conoce y utiliza las herramientas adecuadas para obtener la información suficiente y objetiva? ¿Verdaderamente es concebida a la evaluación como un proceso de mejora y de toma de decisiones oportunas? 

Muy probablemente las respuestas sigan siendo tema de investigaciones futuras. Por lo pronto, señalamos dos preocupaciones básicas. Una es la posible ruptura entre la enseñanza y la evaluación; es decir, se enseña una cosa y se evalúa otra. La segunda preocupación surge del probable desfase entre el tipo de herramientas utilizadas, las formas de hacerlo y el dónde se aplican. En síntesis, podemos considerar que algunos de los elementos fundamentales de los procesos evaluativos son la sistematicidad y la congruencia. Implica entonces el desarrollo de estrategias de evaluación que respondan integralmente a lo implementado en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.


¿Por qué es importante la evaluación en la educación superior?

La evaluación es una herramienta fundamental en la educación superior porque permite:

  • Determinar el cumplimiento de metas

La evaluación permite verificar si se están cumpliendo los estándares de calidad y las metas de aprendizaje que se han establecido para los estudiantes. 

  • Mejorar la enseñanza

La evaluación proporciona retroalimentación a los profesores para que puedan mejorar sus métodos de enseñanza y adaptarse a las necesidades de los estudiantes. 

  • Ayudar a los estudiantes

La evaluación ayuda a los estudiantes a mantenerse en el camino correcto, a alcanzar su máximo potencial y a identificar áreas de mejora. 

  • Favorecer la inserción laboral

La evaluación basada en competencias ayuda a los estudiantes a desarrollar un perfil de egreso que les permita desempeñarse en el mercado laboral. 

  • Analizar el uso de recursos

La evaluación de la eficiencia académica permite analizar cómo se utilizan los recursos de la universidad y tomar decisiones para que la formación de profesionales sea una inversión. 

  • Fomentar la autodirección

La evaluación formativa ayuda a los estudiantes a asumir la responsabilidad de su aprendizaje, establecer sus propios objetivos y hacer un seguimiento de su progreso. 

  • Promover la colaboración

La evaluación formativa fomenta la colaboración entre los estudiantes para que puedan pensar, aprender y crecer juntos

DESARROLLO

Importancia de la evaluación de las instituciones de educación superior

La evaluación de las instituciones de educación superior dependerá de los componentes que participen en ella; la universidad debe ser la primera responsable de establecer mecanismos de aseguramiento dentro de sus recintos. Es la misma universidad la que debe desarrollar instrumentos de planificación estratégica que permitan contar con objetivos expresos cuyo cumplimiento será medido en posteriores evaluaciones (Roa, 2003).

La Declaración de Graz de Julio de 2003 “Después de Berlín: el papel de las universidades” de la European University Association, afirma que el propósito de las evaluaciones es la promoción de la confianza mutua y la mejora de la transparencia, al mismo tiempo que debe respetarse la diversidad de los contextos nacionales y áreas del conocimiento, por lo que es necesario que las instituciones de educación superior se apropien de modelos de evaluación que respondan a sus propias necesidades.

La educación superior ha sido lenta para adaptarse a esta evolución. Los sistemas de evaluación universitarios han ido ampliando poco a poco sus criterios, dándole énfasis al logro de los resultados institucionales. Al hacerlo se ha buscado preservar los valores educativos y la responsabilidad (Baker, 2002), lo que se analizará a continuación.

La evaluación en las instituciones de educación superior no es un objetivo en sí mismo; más bien, es un instrumento a través del cual el Estado o una institución privada, directa o indirectamente, ejercen el rol de protección de sus ciudadanos y en particular de la comunidad de aquella institución. La evaluación evita que se ofrezca educación de mala calidad, fraudulenta y deviene como un mecanismo de apoyo para mejorar la educación superior de un país (Espinoza y González, 2012).

La evaluación de las instituciones de educación superior se torna en un objetivo amplio por todo lo que se aspira que ella alcance. La verdadera evaluación de una universidad reside en su capacidad para lograr el mayor desarrollo posible de sus actores.

Esta concepción de la evaluación centra su atención en el ser humano y propone que el sistema cumpla con criterios y estándares, convirtiéndose en un medio para que las personas desarrollen sus potencialidades, donde las políticas deben tener como meta el logro de una mayor cobertura social con calidad, igualdad y equidad, deben propiciar el desarrollo de alternativas e innovaciones en el currículo, en la oferta educativa, en la producción y transferencia de conocimientos y aprendizajes, en un ambiente de diversidad y creatividad, con independencia moral y científica frente a cualquier poder político y económico (Didriksson y Gazzola, 2008).

Estas políticas que deben tener como meta el logro de una mayor cobertura social con calidad, igualdad y equidad, propiciando el desarrollo de alternativas e innovaciones en el currículo, en la oferta educativa, en la producción y transferencia de conocimientos y aprendizajes, en un ambiente de diversidad y creatividad, con independencia moral y científica frente a cualquier poder político y económico.

Según el documento marco desarrollado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España en el año 2003, la consecución del objetivo de lograr que cualquier institución de educación superior se convierta en referencia en el ámbito de la formación universitaria para estudiantes, docentes e investigadores de todos los países, pasa necesariamente por una garantía de la calidad fundamentada en mecanismos y procesos de evaluación.

Esta deseada evaluación deberá proporcionar las bases claras para la obtención de la tan apreciada calidad universitaria, permitiendo determinar con cierta precisión indicadores identificados con criterios de funcionalidad, eficacia y eficiencia, susceptibles en muchos casos de cuantificación.


Propósito de las evaluaciones

La evaluación es sin duda un tema complejo. La evaluación es la palabra que se utiliza para referirse a procesos de análisis, estudio y discusión respecto al mérito y valor de un sistema, institución o programa, con la finalidad de realizar mejoras (Didriksson y Gazzola, 2008).

Para Pinto, Lemaitre y Anglada (2007), la práctica de la evaluación en las instituciones de educación superior consiste en obtener de forma sistemática evidencias de información objetiva, tanto cualitativas como cuantitativas, que faciliten la toma de decisiones. En este sentido, la evaluación de las instituciones de educación superior representa un concepto integrador que incluye las acciones de distintos actores tendientes a mejorar y promover la calidad de la educación superior (Pires y Lemaitre, 2008).

Los procesos de evaluación tienen que estar al servicio de la comunidad de profesores y estudiantes, para contribuir a desarrollar ambientes que propicien su realización como académicos y como seres humanos, y al cumplimiento de las misiones consustanciales de la universidad: formar personas, desarrollar la ciencia y servir a la sociedad (Salgado, 2011).

La evaluación es una actividad y un ejercicio necesario, producto de una decisión académica, política y de gestión, que sirve para mejorar la calidad de las instituciones de educación superior y la relación entre los distintos actores universitarios y que además sirve como mecanismo de control por parte de la misma institución y del Estado que las crea, regula y supervisa.

La evaluación de las instituciones de educación superior debe tener el propósito de fomentar la mejora de la calidad y debe ser considerada como la piedra angular de una buena planificación. La evaluación no siempre puede ser definida en los mismos términos para todas las instituciones, por lo que una institución debe ser evaluada en términos de los propósitos que se pretenda lograr de ella

Los procesos de evaluación requieren de la institución y de las unidades dentro de la misma, examinar continuamente sus propios objetivos, operaciones y logros. Al demostrar el logro de los fines institucionales, se espera que las instituciones evaluadas obtengan resultados consistentes con sus propósitos. La evaluación se centra en la capacidad institucional para mejorar continuamente y la voluntad del cumplimiento de los indicadores.

El reconocimiento como una institución evaluada garantiza la confianza de la comunidad educativa y del público, en atención al desempeño de la institución, su calidad y la integridad, asegurando que una institución evaluada se ha adecuado y tiene bien definido sus objetivos educativos.

La evaluación se distingue como una función de gestión que determina y aplica las intenciones y los propósitos de la organización (Martin y Stella, 2007). La evaluación en una institución de educación superior o programa a evaluar se puede desarrollar de forma orientada al mejoramiento, a través de sus fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas (FODA).

Un análisis sistemático en este sentido, puede ser en sí mismo un procedimiento que indique las áreas temáticas en las que la institución aparece fuerte y las áreas en las que aparece más débil. Estos análisis eran más complicados de realizar en la época anterior a la automatización, pero se han simplificado a raíz de los registros detallados computarizados.

La evaluación de las instituciones de educación superior incluye todo un proceso respecto al mérito y valor de las instituciones, con objetivos de mejora; por eso es que la palabra evaluación está casi siempre asociada al mejoramiento (Didriksson y Gazzola, 2008). Dichos procesos pueden combinar acciones internas y externas, con amplia participación de la comunidad académica, con la participación solamente de expertos o con la participación de comisiones de pares.

La evaluación y sus consecuencias en los objetivos académicos y económicos

La evaluación ha provocado cambios en las percepciones de los objetivos de las instituciones universitarias, las que parecen estar abandonando el enfoque sustentado en lo cultural, lo social, la crítica y la pertinencia de la educación superior (Leite, 2002), hacia otro relacionado más con lo económico y lo político.

Una universidad dedicada por su naturaleza al bien público, por esencia debe tener claros sus objetivos, considerándose los más apropiados la producción de profesionales de calidad y la generación de investigaciones.

Por momentos, la identificación, creación y comercialización de la propiedad intelectual se convierten en objetivos de las instituciones de educación superior y en la universidad se moldea un formato empresarial, tolerado por sus actores. En esta clase de universidad empresarial, además de la investigación y la enseñanza, se origina una tercera misión con un objetivo de desarrollo económico.

Las universidades apoyadas por las normativas legales realizan variadas actividades económicas, las mismas que se llevan adelante con el objetivo de mejorar el desempeño financiero de las instituciones de educación superior, así como el lucro de los investigadores de la universidad y de su profesorado e ingresos al erario nacional.

Por ello, diversos sectores académicos y de diferentes índoles, consideran al paradigma empresarial como una amenaza a la integridad tradicional de las instituciones de educación superior, alegando que el espíritu economicista debe ser resistido por precaución, no vaya a ser que el interés pecuniario desemboque en el desvío de las universidades de su rol dentro de la sociedad.

No obstante, formulando una paradoja, un reto de las instituciones de educación superior es la obtención de fondos suficientes para ser capaces de ofrecer los servicios que se supone debe aportar a su sociedad.

Las universidades públicas obtienen una parte importante de sus recursos mediante transferencias financieras del gobierno y mediante ingresos por matrículas, mientras que las universidades privadas generan ingresos principalmente a través de cuotas de inscripción, pensiones y donaciones.

Hoy en día, en los países desarrollados, una parte importante de las necesidades presupuestarias se satisfacen mediante el desarrollo de la investigación en franco apoyo a entes privados, en investigaciones que incluyen patentes y aplicaciones de desarrollo del mercado privado y entes públicos, que incluyen defensa, orden público, sociedad, medioambiente, tecnologías de la información, servicios, entre otras áreas investigativas (Feyen y Vázquez, 2010).

En contraparte al economicismo evaluativo, el que le brinda énfasis sólo a los indicadores de eficiencia y productividad, se puede centrar la evaluación en una lista de objetivos cualitativos, elaborando modelos que permitan justificar y legitimar el establecimiento de criterios de calidad universitaria en todas sus dimensiones.

En este escenario las instituciones de educación superior estarán obligadas a asumir mayores responsabilidades sociales por el peso de sus actividades de educación e investigación, y promover su capacidad de adaptación dentro de la economía y el mercado (Leite, D., Santiago, Sarrico, Leite, C., y Polidori, 2006).

La educación es una actividad dinámica; por consiguiente, la determinación de si se logran o no los objetivos y metas trazados, serán unos elementos de referencia de la institución evaluada, que informará inequívocamente si realmente es o no una institución de calidad.



La evaluación y los servicios universitarios

La evaluación en las instituciones de educación superior está reconocida como un proceso fundamental en el ámbito de los servicios educativos. Su desarrollo requiere de compromisos significativos de recursos, fondos, tiempo, energía, espacio, talento humano y una buena cantidad de propósito de cambio de parte de los participantes, siendo responsabilidad de los planificadores demostrar evidencias de valor de los nuevos o mejorados servicios y recursos de la institución evaluada para los usuarios.

Los programas de evaluaciones institucionales deben combinar perspectivas internas y externas mediante procedimientos de evaluación global que abarquen la totalidad de la institución de educación superior, aunque sea en abordamiento sectorial, siendo las titulaciones y los servicios, los ámbitos más consolidados (Pinto, Balagué y Anglada, 2007).

La prestación de servicios en las instituciones de educación superior cada vez es más diversificada, lo que se traduce en una evaluación que deberá sostener el mismo ritmo de esta evolución universitaria, razón por la que los nuevos métodos de control universitarios se han convertido en una preocupación constante de las agendas de los gobiernos en política educativa, debido al cambio constante de los diferentes escenarios universitarios.

La formulación de políticas y la gestión de la educación superior son imprescindibles en la conservación y mejoramiento de las normas y procesos de los servicios académicos de las universidades. La privatización y la diversificación de los sistemas de educación superior en todo el mundo conllevan un aumento en la preocupación por la evaluación de los servicios, ya que la globalización ha creado nuevos desafíos en su regulación y prestación.

Cada día, un mayor número de estudiantes cruzan sus fronteras nacionales buscando nuevos horizontes de servicios académicos en otros países y sus universidades.

En contrapartida, las instituciones de educación superior buscan la captación de estudiantes, proponiéndoles alternativas donde no es necesario que los estudiantes se acerquen a la universidad, sino ofreciéndoles la oportunidad de que la universidad se acerque a ellos, mediante sistemas computarizados, procesos online y semi presenciales, utilizando también alternativas legales denominadas campus, sedes o centros de apoyo, ofreciéndoles sus servicios a distancia.

Los escenarios de la evaluación de los servicios en las instituciones de educación superior variarán en función de los fines de aquélla. Algunos se centrarán en la enseñanza y otros en la investigación.

Otras agencias y gobiernos estarán colocando énfasis en el producto final, en demostrar servicios y resultados valiosos, fundamentándose en la premisa de que la calidad no es una condición estática y que necesita ser evaluada y mejorada regularmente.

Por ello es importante tener presentes las tendencias internacionales que conducen a los países a adoptar sistemas de evaluación educativos de sus servicios, imponiéndose objetivos específicos que tengan estrecha relación con sus enfoques organizativos y metodológicos (Stoffle y Cuillier, 2011).

Para el efecto, debería ser deseable que los diferentes actores, tanto internos como externos, expresen sus puntos de vista sobre la evaluación de los servicios ofrecidos por las instituciones de educación superior que prevalecen en su entorno.

Las personas que demandan los servicios de las universidades son la razón de ser de la organización; por lo tanto, la identificación exitosa de ellos y la satisfacción de sus necesidades y deseos, serán posibles únicamente mediante el suministro de un excelente servicio (Broady-Preston y Lobo, 2011).

Entender conceptos de impacto en un entorno de servicios universitarios es una tarea muy difícil (Bustos-González, 2007). La participación activa y la colaboración con los diferentes actores es imprescindible si los servicios de las universidades quieren llegar a ser de importancia para su ámbito local y regional.



VENTAJAS DE LA EVALUACIÓN EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR

La evaluación en la educación superior tiene varias ventajas, entre ellas:

  • Identificar fortalezas y debilidades

La evaluación permite conocer las características y cualidades de los estudiantes, tanto en lo personal como en lo académico. 

  • Personalizar la enseñanza

La evaluación permite ajustar la ayuda pedagógica a las características individuales de los estudiantes. 

  • Promover el autoaprendizaje

La evaluación puede ayudar a los estudiantes a entender el valor de sus trabajos y realizaciones. 

  • Mejorar la calidad de la educación

La evaluación evita que se ofrezca educación de mala calidad o fraudulenta. 

  • Medir y mejorar la calidad de las instituciones

La evaluación institucional permite medir y mejorar la calidad de las instituciones educativas en todos sus aspectos. 

CONCLUSIONES

Tras haber reflexionado sobre la importancia que tiene la evaluación dentro del proceso educativo, podemos extraer que debe basarse en dos principios: 

  • Flexibilidad y Cobertura: No se trata de un proceso cerrado en el cual haya que llevar a cabo todo lo anteriormente preestablecido, sino que es la propia práctica educativa la que va marcando la idoneidad del proyecto docente previamente establecido. Si los problemas siempre están vivos y el profesor debe planear su tratamiento en la práctica concreta, una guía no debería ser un repertorio de actividades u objetivos a cumplimentar, sino un espacio en el cual experimentar acerca de los problemas educativos que esa propuesta trata de abordar, una hipótesis de trabajo.
  • Continuidad . Estamos en la necesidad de entender la evaluación como un proceso con diferentes momentos (inicio, desarrollo y final). 

Es indudable que la evaluación es una herramienta indispensable para que los procesos educativos se mantenga en un constante cambio, permitiendo poder alcanzar los mas altos niveles de excelencia.

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